Esta carta la escribo con mucho cariño y con tiempo más que suficiente, pensando ya en el próximo año. Cuando os llegue, seguramente no estéis lo suficiente atentos, o no entendáis esta fecha de llegada, aunque os la mando, más tarde de lo debido, para que tengáis tiempo bastante, como para poder atenderme con el más mínimo cuidado.
Cada carta tiene una personalidad diferente, según sea el que la escribe, o a quien se le escribe, tampoco todas se escriben del mismo modo, ni siquiera empiezan con la misma sintonía, aunque lo cierto es que hay una carta, más llamativa y especial que las demás, porque todos los que la escriben comienzan casi de la misma forma. Realmente tengo la obligación de empezar de similar modo, aunque no me gustaría hacerlo, aún sabiendo que está dirigida a los mismos seres, seres que son mágicos. Así que no tengo más remedio que repetir la misma iniciación.
Queridos Reyes Magos, esta es la primera vez que os escribo, ya sé, que la mayoría de cartas que habéis recibido y que recibiréis son de niños. Yo por el contrario, soy bastante anciana, y el sufrimiento de los años y el cansancio acumulado hacen que me dirija a ustedes con más esperanza que confianza, hacía lo que deseo.
Soy una de las mayores de mis hermanas, nuestra encantadora madre tuvo de sus entrañas a ocho preciosas hijas, que pudo criarlas y llevarlas por un camino cruel a la vez que enternecedor sin dejar de ser una vía sensible. Entre todas ellas estoy yo. No quiero considerarme ideal por escribiros, tampoco la mejor, posiblemente la única diferencia que tengo con mis hermanas, es que yo soy, la que se atrevió a dar este paso.
No quiero ponerme a solicitar cosas, como si todo el tiempo y recursos que tengáis a vuestro servicio lo usarán conmigo. En esta carta no voy solamente a pedir, también a recordar lo que me quitaron, lo que tuve y ya no tengo, lo que hacen e hicieron con mis adentros, donde y cuando han querido. Lo más lógico y sensato, es que no lo quiera solo para mi, también lo quisiera para mis hermanas.
Me llamo Sevilla, estoy situada en el occidente de Andalucía, para muchos soy bastante conocida y para otros soy una autentica desconocida. Ahora, el tiempo parece que se paró, por que una señora llamada crisis así lo quiso. Ahora, la gente siente mucho más, lo que tiene y lo que pierde. Ahora me doy cuenta que, nadie me supo dirigir como me merecía. Ahora, de verdad pido lo que es mío y recuerdo lo que tuve, y otros pensaban que me sobraba.

De la misma manera que los niños piden juguetes, yo os pido lo imposible, porque seguro que no podréis devolverme aquellas puertas que tuve junto a sus murallas que me rodeaban completamente diferenciando mi interior con el exterior de mí misma, dándome una armonía maravillosa, pero algunas personas en tiempos pasados, decidieron derribarla sin mirar en absoluto lo que yo quería, ni siquiera cuanto las quería. Desde entonces me empecé a dar cuenta, lo poco que me han querido, y lo que querían hacer conmigo, deseaban partirme en dos, y con el transcurrir del tiempo lograron separarme por la mitad, consiguiendo que en estos tiempos tenga doble personalidad, mi lado de siempre, el antiguo y autentico, aquel que tuve, y que siempre tendré, el lado que sigo teniendo aunque nadie le echa cuenta, porque yo siempre fui una ciudad, muy leal, muy heroica, ciudad invicta, y a mi alrededor inventaron mi lado moderno, ese lado que señores con grandes carteras, construían pero sin preguntarme en absoluto, ansiando con hacerme grande, levantando edificios que me robaron parte del temple que siempre tuve. Un temperamento que, en otros tiempos sería la más apetecida para el recto del mundo, teniendo uno de los puertos más importantes. Ahora, se que el tiempo va en contra de mí, y me quedo sabiendo que todo irá al ritmo que los tiempos y las generaciones quieran, solo quiero que este tiempo sea disfrutable para los dos, para mí y para mis ciudadanos.
Para finalizar esta carta, a la que le he dedicado un buen tiempo de mi larga vida, solo deseo que de todo lo que os pedí y os recordé, lo podáis decir con buen agrado, porque el sevillano, no es una persona cualquiera, hay que tratarlo, con firmeza pero al mismo tiempo con mucho mimo, espero que mi carta llegue a todos los rincones de mi ciudad, que no se os escape ningún sevillano, aunque su vida ya no sea aquí seguro que sigue teniendo un pellizco de su barrio y de su calle. Le digáis que me cuiden, que me sepan llevar, que no hagan de mí lo que no, desean para ellos y que siempre, siempre, siempre su ciudad estará con ellos.
Un día cualquiera de un mes cualquiera de un año cualquiera.
Miguel Ángel Rojas.
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